Nervi en Limena
El puente-restaurante sobre la autopista Milán-Venecia.
Entre los restaurantes-puente que desde los años sesenta vistieron el paisaje viario de parte de Italia hay uno en especial. Primero fue conocido como un Mottagrill; está ubicado en la localidad de Limena, Padua, sobre los seis carriles de la autopista Milán-Venecia, y fue diseñado por Pier Luigi Nervi junto con el arquitecto Melchiorre Bega en 1965-67, luego de otro proyecto frustrado en 1964.
Está más que claro que esta obra no es la más emblemática del legendario ingeniero lombardo, pero incluso de obras más "simples", que pasan por debajo del alcance del radar historiográfico, se pueden extraer aspectos de interés disciplinar. Esto así si es que tomamos la producción de un artista no como una suma de trabajos en mera evolución compartimentada, donde podemos separar los más interesantes de aquellos que lo son aparentemente menos, sino como un cuerpo de conocimiento que se enriquece densificándose a lo largo del tiempo, interconectándose por medio de inquietudes recurrentes, como si de vasos comunicantes se tratase.
Con un problema como el de un puente habitado sobre una autopista no se pueden meter los yeites de la gravedad bajo la alfombra, así como quien no quiere la cosa. La manera en que lidiamos con ella resonará en el carácter de la obra. La elección del hormigón armado en este caso, junto con sus razones y determinaciones técnicas, conlleva una base estética: en este caso una de exposición —que no es "brutalista"; a la obra de Nervi no le cabe esa etiqueta—, donde esqueleto, músculo y piel son una sola cosa que resuelve los diagramas de tensiones, los de uso y la apariencia final en un mismo paquete. Con Nervi no hay causa-efecto lineal en estas decisiones, todo viene entrelazado: la forma, la geometría, la materia, el uso. Lo que tienen aquellos ingenieros que nos interesan a los arquitectos es que sus elecciones de proyecto son razonadas disolviendo el conflicto entre las exigencias intransigentes de la gravedad y las necesidades más flexibles de espacio, luz y habitabilidad. En obras donde la libertad está muy acotada, la belleza, si se alcanza, está embebida, nunca es pátina.
Empecemos con la obra, pero a contracorriente: veamos primero los cuatro apoyos. Aquí ya encontramos una recurrencia, una firma de la casa: la sección mutante. Una lección de cómo responder con lógica bella al problema del pandeo y a las condiciones geométricas distintas en cada extremo de la pieza, como en este caso, en que se transmiten las cargas de la viga-tabique a una sección rectangular y luego, a medida que bajamos, esta va mutando poligonalmente hacia una sección cruciforme, aumentando también su área cuanto más cerca del suelo. Podemos encontrar un catálogo de apoyos con similar criterio en tantas obras de Nervi (el viaducto de Corso Francia en Roma, la sede de la UNESCO en París, la estación de Savona, entre otras), con variación de dimensiones, posiciones y formas de secciones con sus respectivas transiciones: el resultado visual es siempre el de piezas estructurales que narran su esfuerzo sereno, mientras sus facetas vibran bajo la luz. Un dinamismo controlado mediante una esculturalidad matemática.
Contaba Louis Kahn que cuando le pidió asesoramiento a Luis Barragán para el espacio público de los Laboratorios Salk, en un momento el mexicano le dijo que una fuente debe ser bella con agua pero también cuando no la tiene. Todas las columnas de Nervi valdrían igualmente la pena que existan aún sin las cargas que las originaron.
Ahora, la pièce de résistance: el puente-restaurante-mirador. Frente a una luz central de 42,50 m, este tano pensó en dos vigas isostáticas de cinco metros y medio de alto y de 75 m de largo total (y 16 m de voladizo, prego), con oquedades —allí donde no afecta tensionalmente practicarlas— que devinieron en trece ventanas octogonales por lado, que se agrandan en los extremos de los voladizos, se pausan en la zona de apoyos y vuelven a aparecer en el centro, agrandándose y alargándose, para enmarcar los autos fugando hacia el horizonte del Véneto mientras que, suspendido en lo alto sobre el asfalto, desde tu silla, te sorbés un ristretto.
Desde afuera, mirando más detenidamente la fachada, preferentemente no mientras se maneja hacia ella, vemos que el eje de simetría longitudinal a lo largo del puente no es imaginario: existe como buña que juega con la ambigüedad de lectura de la viga-fachada; por un lado como un plano completo con sustracciones octogonales, y, por el otro, con la idea de dos partes, una superior y otra inferior, contrapuestas como dos suertes de peines que se contactan en ese eje medio. Pero en términos estructurales no hay ambigüedad: se trata claramente de travi-parete, vigas-tabique con huecos octogonales variables que Nervi analizó en 1965 recurriendo a la medición fotoelástica, un método desarrollado a principios del siglo XX que, dicho sucintamente, logra fotografiar las tensiones dentro de un elemento sólido sometido a cargas. Magia en una foto.
Qué hicieron: sobre una maqueta escala 1:110 del puente, cubierta con una resina sensible especial, le fueron aplicando cargas con gatos hidráulicos para emular las solicitaciones reales. Así confirmaron, luego del ensayo, que el criterio geométrico-estructural del proyecto era correcto, necesitando pocas modificaciones.
Nervi estaba fascinado, y no solo científicamente hablando, por esa técnica lumínica que revela aquello intangible y oculto que suena imposible exponer; se le notaba cuando exaltaba la «belleza y poesía de esta transformación de estados de tensión en juegos luminosos a través de los cuales podemos ver la propagación de acciones externas dentro de un sólido».
Del análisis de una estructura construida terminamos en una técnica que fue parte del proceso de proyecto de una obra "menor" del ingeniero italiano más importante del siglo XX. Pero me interesa reparar en esta emoción que le causaba a Nervi esta técnica expositiva. Gabriele Neri, que reconstruyó la historia de estos modelos, repara en lo mismo: detrás del ensayo hay una razón que necesita estar acompañada por una igual dosis de fascinación. Es una buena manera de definir el Arte en cualquiera de sus expresiones.
J.D.
Las citas de Nervi y la reconstrucción del ensayo fotoelástico de Limena provienen de Gabriele Neri, Capolavori in miniatura. Pier Luigi Nervi e la modellazione strutturale, Mendrisio Academy Press / Silvana Editoriale, 2014.

