Empezó con galletitas.
Los puentes-restaurantes italianos.
Empezó con galletitas. En 1947 Mario Pavesi, ya célebre por haber inventado los Pavesini, abrió un puesto de venta sobre la autopista Milán-Turín, a la altura de Novara. La idea era elemental y comercial: vender su producto a un actor social que recién aparecía, el automovilista. Quince años después, en el mismo lugar, iba a levantar el más grande de sus puentes.
En el medio ocurrió el viaje. En 1959 Pavesi y el arquitecto Angelo Bianchetti fueron a Estados Unidos y en el Des Plaines Oasis —una zona de servicios sobre la Illinois Tollway, construida entre 1956 y 1958 por Pace Associates— encontraron una fascinante variación tipológica del histórico puente habitado, algo que solo podía surgir en el siglo XX con la proliferación automotriz de posguerra.
Volvieron a Italia y en diciembre de ese mismo año inauguraron el propio con su rúbrica, en Fiorenzuola d'Arda, sobre la Autostrada del Sole: el primero de Europa. Detrás vinieron Varazze, Novara, Sebino, Frascati, Montepulciano, Soave, Nocera, Osio. Bianchetti los proyectó casi todos.
El acierto no fue solo comercial. Un restaurante que cruza la autopista resuelve de una vez el problema de atender los dos sentidos de circulación, y además eleva el horizonte del que come, transformando las bandas asfálticas y el tránsito ininterrumpido en un nuevo paisaje artificial.
No tardó en aparecer el competidor. Motta —milanesa, con el prestigio de sus panettones y sus helados— entendió que el asfalto era territorio a conquistar y montó su propia red, los Mottagrill, con una apuesta distinta: llevar el refinamiento del café urbano a la velocidad de la autopista. Melchiorre Bega le proyectó el de Cantagallo, y también el de Limena, donde lo acompañó Pier Luigi Nervi.
Durante casi dos décadas las dos cadenas compitieron a golpe de arquitectura. Después llegó 1973. La crisis del petróleo y la inflación que vino atrás golpearon el turismo en auto, y el costo de mantener estas estructuras se volvió insostenible para el capital privado. En 1977 el Estado italiano intervino: a través de la SME, del grupo IRI, fusionó las tres cadenas —Pavesi, Motta y Alemagna— en una sola. De esa fusión nació la marca Autogrill.
En 1995, con la privatización, la compró la familia Benetton. Algunos de aquellos puentes siguen ahí; encontré alguno siendo noticia por problemas estructurales y algún otro demolido. Testimonios de un optimismo de otra época, cuando a nadie le parecía desmedido construir un edificio sobre una autopista para vender café.
Qué mejor que un italiano para definirlos, desde su página de Facebook dedicada a ellos: «Ma quanto cazzo sono belli gli autogrill a ponte».
J.D.

