El Candelabro, la Ballena y su Jaula
O de la metáfora tardía
Publicado originalmente en 8.66 n.º 1, Bisman Ediciones, 2013. Revisado y ampliado en 2026.
La metáfora, en arquitectura, conviene que llegue tarde. Como recurso poético puede conducir, bajo la sombra de la literalidad, a pobres resultados. Un clásico proyectual tan recurrente como banal entre arquitectos se da cuando, por ejemplo, se proyecta un edificio junto al mar —o cualquier otra manifestación hídrica— y se pretende pensar su lógica como si de un barco se tratara. Un barco tan encallado como la creatividad de su autor.
Igual de inconducente que la literalidad resulta la pretensión de explicar la razón de ser de un edificio desde una complejidad de signos y símbolos tan críptica que termina invitando al visitante a reclamar en el acceso un manual de interpretación o una indemnización por el tiempo perdido.
Hay una obra reciente en Buenos Aires, metida adentro de un palacio de principios del siglo XX, donde a tres artefactos enormes todos los llaman por el apodo. Lo interesante es que sus autores han abordado este recurso creativo sacando rédito de sus aspectos positivos, evitando la incongruencia conceptual y, sobre todo, colocándolo no por delante de las ideas, sino como culminación y fijación de conceptos estrictamente arquitectónicos.
¿De qué fuente provienen estos conceptos? Señala el arquitecto miembro del estudio B4FS, Claudio Ferrari, que su visión se enmarca «dentro de la tradición moderna que caracterizó este trabajo desde el inicio: revalorizar la condición de la construcción del objeto en la arquitectura. En grandes líneas, mucho más aaltiano y miesiano que corbuseriano».
Y es de la modernidad arquitectónica que contiene a Ludwig Mies van der Rohe de donde aprendimos que, cuando se materializa la estructura, la obra ya debería aparecer en su fundamental expresión. Este es el caso de "la jaula", un elemento estrictamente supeditado a la necesidad estructural. Su vinculación imaginaria con una jaula real es resultado de sus características espaciales, sus partes específicas y su modulación, del acentuar la verticalidad continua de las columnas, diferenciando su plomo exterior del de las vigas y losa de circulación.
El "candelabro", que será un museo de arte contemporáneo, también es un caso miesianamente claro. Es un artefacto que explota con brillantez su condición estructural. El estar suspendido, si bien es una situación evidente, en la arquitectura se presenta, por circunstancias lógicas, la menor de las veces. Por lo cual, aun siendo un recurso racional, causa sorpresa y curiosidad al visitante. Su condición vítrea define su carácter y suma misterio a un artefacto que expone su suelo como una fachada más. En la memoria del proyecto figura como «el Chandelier», por semejanza con los grandes candelabros suspendidos en halls y salas teatrales.
"La ballena", futura sala sinfónica, pertenece en cambio a un modo más expresionista de producir forma, donde esta es la que fija la agenda constructiva. Por eso "la ballena" no remite a un sistema estructural específico, sino a un concepto espacial y morfológico. Así y todo, la estructura de esta "ballena" obedece a una lógica rigurosamente arquitectónica, no cetácea. Su forma se definió —de hecho era más pequeña inicialmente— por la necesidad de volumen de aire por espectador, y sus dos apoyos puntuales, junto al apoyo lineal que contiene los plenos de instalaciones, resuelven la necesidad de independencia estructural total con el fin de evitar los indeseables puentes acústicos.
Pero ¿por qué una "ballena" y no una gota de mercurio? Tal vez porque una gota no duerme. Uno entrará al patio, levantará la vista y bajará la voz.
J.D.
La obra: Centro Cultural Kirchner, Buenos Aires, en el antiguo Palacio de Correos y Telégrafos de Norbert Maillart (1888-1928). B4FS Arquitectos (Enrique Bares, Federico Bares, Nicolás Bares, Daniel Becker, Claudio Ferrari y Florencia Schnack). Visitada en obra en 2013; inaugurada en 2015.
Nota posterior: la Gran Sala de Conciertos se inauguró el 22 de mayo de 2015. Nadie la llama así. Para todos es la Ballena Azul.
El edificio pasó a llamarse Palacio Libertad, Centro Cultural Domingo Faustino Sarmiento por decreto, en octubre de 2024.

